Archive for diario
De rebajas…
Hoy me pongo precio de saldo para ser comprado por quien no me entienda. Hoy me desquito de las suelas de unos zapatos roídos por la afilada incertidumbre de mis pasos menguando en dos centímetros la altura de mis defectos. Hoy rebajo cualquier punto de discordia y hago del entendimiento mi mayor estandarte alzándolo a los gélidos vientos del norte llevaderos de tus palabras; no más disputas acaloradas, solo argumentaciones objetivas; de inánime lectura. ¿Todavía crees que salgo caro? Me rebajo entonces de nuevo cortándome los pies y postrándolos frente a ti, no te preocupes, hundidas en el barro mis piernas todavía sujetan el vigor habitado en mí. Seré peonza de tus dudas y ‘punching’ de tus temores, y en las frías noches de solitario invierno mis raíces incrustadas en la escarcha de tus besos rozarán el manto oscuro de tu maldito corazón. ¿No convence todavía? Deja entonces que mis piernas partan en los raíles del tren de tu vida, rebajas, rebajas y más rebajas, déjame arrastrar mi tronco erguido por el orgullo herido de valer más en el olvido que un instante en el escaparate de tu falso tino, ya nunca más huiré de la carnicería de tus labios, sedientos de sangre, sedientos de mí. Me rebajo por tercera vez en el día, una oferta suculenta; no deberías dejarla escapar. Rebano mi cuello desprendiéndome de toda voz y ciego ante la vida de tu mano voy hasta el fin, sordo, ante las necias palabras de los que te rodean y no desean comprender, sucumbiré a tus deseos nefastos, a tu irónica forma de vida, a la hiel porosa de tu piel, mientras rueda mi cabeza perdida y se funde con el deseo emergente desde tus entrañas de ordenar el caos que habita en la tempestad. Deja que mis manos antes de ser amputadas realicen la última ofrenda a la diosa a la cual sirves, deja que me arranque el corazón y haga acto de entrega con el impulso del último latido, a tus pies, siempre a tus pies. Déjame dibujar en el horizonte sombrío de tu mirada la silueta podada de un viñedo; enrojecida ya la tierra con la sangre de los incautos que como yo osaron en desafiarte con una mera demostración de amor.
De esperanza…
Dicen de Esperanza ser lo último a perder. En mi caso, la perdí al nacer cuando la inconsciencia del yo, de la propia existencia, recorre nuestras venas y nuestros pulmones rompen en un chasquido interno, llorando con dolor el esfuerzo que nos supone llenar de aire ese vacío que acompaña nuestra gestación; ese mismo día me desencanté con la vida y perdí toda esperanza de volver al universo dejado atrás, presintiéndolo más hermético, seguro y silencioso que el ahora habitado, pues el recuerdo no es recuerdo hasta conocer su significado y la huella del olvido pisa siempre sobre seguro me he visto obligado a permanecer sin esperanza durante el resto de mis días. Y perdida la esperanza ya no queda más a perder, todo es vida regalada con la certitud de comenzar a morir, sin esperanza, el mismo día que empecé a vivir.
De sosiego…
Hoy escribo por escribir, por rellenar un hueco, un espacio distendido con sabor a color azul, por estrenar un año empezando a deshojar un calendario engordado por las fiestas cuyo convencimiento le llevará a morir de desnutrición, por reposar las malas ideas surgidas del empacho de tanta bondad desmesurada y centrarme en los buenos propósitos para este año; no los hay ni los habrá. Y con esto no quiero decir que la maldad albergue en mí a la espera de un síntoma de debilidad para mostrar todo su poder, no, solamente no hay lista de buenos propósitos para no llegar al entierro del ‘dosmilocho’ con una lista de propósitos no cumplidos.
La muerte de ‘dosmilocho’ ha empezado con una total e inusitada lucidez. Sin resaca dorada, sin empacho, sin alegría ni tristeza, sin cansancio ni verborrea sibilante en los oídos, sin el agobio de cumplir con una comida familiar, sin dirección y tampoco a la deriva. ‘Dosmilocho’ empieza a morir y hoy, para mí, no existe ninguna diferencia, ninguna hilarante frontera que separe un año del otro, nada especial dibujando la silueta diferencial entre el que murió y el que ha nacido. El año como tal ha dejado de existir; hace tiempo que los meses dejaron de marcar las estaciones, tarde o temprano tenía que suceder.
Pocas horas le quedan al día y la hebilla del cinturón recorre con prontitud el espacio entre dos diminutos orificios. Hace mucho tiempo que no me dedico a tachar los atardeceres pasados en la mañana de un día siguiente ni ha subrayar los amaneceres de señalados días que tienen de especial lo que nosotros les queramos dar. Me reitero; el año como tal dejó para mí de existir. Sin tiempo que medir, hoy me siento inmortal. Quizá sea por esto el haber amanecido sin prisa alguna sin pauta alguna y de aquí emane el sosiego experimentado sin necesidad alguna al uso de la masturbación. Un paseo por La Pera, un dürüm kebab ampurdanés, unas fotos impresas, unas canciones infantiles a ritmo de hip-hop, una ola de ladridos, sosiego, sosiego, sosiego…
Todos sabemos que este año tiene los días contados.
De narices…
Anda todo el mundo trasegado entre envío de postales de Navidad y Año Nuevo, envío de ’sms’ felicitando el Año Nuevo -a cual más original-, e-mails con la misma intención, balances personales del año transcurrido, compras especiales, villancicos, pastorets, empachos de turrones y abrazos de reencuentro cuando no de despedida. Parece ser que es estas épocas estamos obligados a vestirnos con un velo de falsa felicidad y bondad abarcándolo todo, pudiéndolo todo. Mil propósitos de cara al nuevo año, mil olvidos de cara al pasado. Las mismas preguntas formuladas sin respuesta nuevamente quedaran. Y ¿ quién no ha visto al ‘Home dels nassos’ el último día del año?
No nos engañemos. No hay año bueno ni año malo. Y en cuanto a bondad, por mucho que abarque nuestra sonrisa, la justa gastamos. Ni más ni menos. ¿Feliz año nuevo? !Feliz vida! cabe desear; aunque como siempre solemos conformarnos con las migajas y el consabido consuelo de tontos. Qué no me sirvan la felicidad a plazos, año tras año, con vencimiento a día dos de enero. No sirve ni consuela. Unos suman y otros restan. Yo me oxido con el tiempo y creo comprender que toda la felicidad cabe en un preciso momento de la misma manera que las desgracias nunca vienen de una en una; de tres en tres dice un buen amigo. En cuanto a las fiestas cuando más paganas son, mejor que mejor, y la navidad, fin de año, año nuevo, reyes magos y demás monsergas nos abruman y aburren tanto o más que los trescientos sesenta y cinco días (si llegamos) que están por estrenar; esperando con felicidades afiladas y punzantes desgracias que les llegue su hora para repartir. ¿Reyes Magos? Aquí quien parte y reparte son Vida y Muerte. El calendario juliano si más no me parece una broma de mal gusto, un constante recordar de que somos animales de costumbres; y cuando te acostumbras a algo, si más no, algo muere en tu alma, algo deja de existir.
Sed felices.
Kahlo
He saboreado en los Ángeles a Frida Kahlo y me he sentido por unos instantes feliz. El primer trago ha sido entero sin respirar, Kahlo ha llenado mi boca y una explosión de matices dorados ha recorrido mi paladar al ingerir tan añeja esencia. Un momento sublime, a mi entender. El vaso vacío y ella pintando en mis entrañas. Frida a dejado huella en mí, sin llegar a ser obstinada me ha impregnado el paladar de un intenso sabor color pasión que ha perdurado durante tardíos minutos hasta desvanecer lentamente sus suaves tonalidades tostadas. Ámbar la define. El segundo trago ha aromatizado con sus destellos de ámbar los últimos resquicios de una noche sedienta de encontrar un punto de equilibrio entre los prejuicios culturales y la residencia eventual; Kahlo, pasando la frontera entre México y Florida ha materializado su espíritu haciéndome sentir pintor de esbozos maltrechos. Unos breves momentos de huella pictórica postrados en mi ser. Aunque, si ya es posible bebernos el alma… ¿qué más nos queda por hacer?
BoToX
Hay mañanas que uno suele levantarse con un sabor especialmente desagradable en la boca. Cuando esto pasa suelo cepillarme rápidamente los dientes para quitarme los restos de susto de la noche anterior. Hoy, aún cumpliendo requisitos para una buena cepillada, me levanté y, con los ojos todavía enturbiados por el sueño, me senté a escribir el susto mientras sus resquicios todavía habitan en mi boca.
Esta noche Botox me ha perseguido. Ha empezado como una broma de mal gusto, como de película de terror de videoclub donde el listillo de turno juega a esconderse detrás de las cortinas para asustar a sus adolescentes compañeras; ya de por sí, sino asustadas, mínimamente abducidas de inteligencia.Sí. Todo a empezado en un largo pasillo con armario final incluido desde donde Botox ha realizado su primera aparición; alargando su eterna juventud al estilo hombre elástico de los cuatro fantásticos. Huidiza, ha realizado cortas apariciones, apareciendo y desapareciendo continuamente hasta llegar a cobrar forma y sentido en el sueño
Botox ha querido convencerme de su eterna felicidad, de su eterna belleza y de su eterna jovialidad gracias a los pinchazos suministrados de su mágico producto. El único inconveniente, convertirte en yonqui de su producto para que la piel no se te caiga a tiras con el paso de los años. Otro inconveniente, la fealdad de la deformidad, tanta juventud acumulada debe de tener algún tipo de inconveniente, en este caso la superelasticidad acumulada se conviente en languida flacidez de todo el cuerpo; al estilo hombre elástico
Me he asustado. Me he visto vestido para la eternidad de un traje de viscoso blandiblub, alargando el brazo para saludar y encontrarse mi pie en el suelo con mi mano caida por no soportar mi muñeca el peso de un anillo en uno de los dedos. Me he asustado, no por las situación en sí, ni por las persecuciones sufridas al negarme a una primera dosis, me he asustado ante la reflexión de saberme perpetuamente enjaulado en este mundo si Botox conseguía su proposito. Me he asustado porque no deseo la eterna juventud, no deseo la inmortalidad, no deseo tener el tiempo a mi favor para poder conocer hasta el último rincón de este planeta. No gracias, estoy de acuerdo con que al principio puede resultar divertido y, dependiendo del enfoque, hasta interesante. Pero… ¿que hacer cuando ya todo esta hecho? Además, todas las posibilidades que me vienen a la cabeza no son justamente ‘buenos pensamientos’. Mi Yo infinito no creo que fuese un bien para la humanidad.
He corrido, saltado, gateado, andado, agachado, arrastrado y finalmente escondido aquí, en mi blogósfera, de donde no pienso salir hasta que Botox desista de su intento o a mi me abran la puerta de salida de este mundo. A mí algo me dice que la Eternidad no estan buena como la pintan. Y sino que se lo pregunten a todos esos dioses que la ostentan y que nunca más han vuelto a aparecer por aquí. ¿Por algo será?, digo yo.
Un último aliento
Cuatro días después, todo síntoma de depresión cumpleañera se ha desvanecido. Solo me queda esperar hasta el próximo año y mientras, regocijarme un poco durante la escritura de estas cuatro o cinco líneas. Insistimos, al igual que el otoño se obstina en desvestir de hojas sus ramas, en tararear año tras año, la misma canción. La misma canción, los mismos errores, los mismos deseos, todos los ‘mismos’ imaginables y año tras año, sin mediar palabra sin pedirnos perdón, el tiempo va surcando nuestros rasgos, acentuando nuestro carácter y debilitando nuestro ego, y nuestro cuerpo mellado lentamente se despoja, al igual que el otoño, de todas esas hojas que no son más que lágrimas secas de nuestro corazón; deseos olvidados, amores abandonados o sensaciones muertas antes de poder ver la luz. Somos despojo, un absoluto e impertérrito goteo de alegrías y miserias que, al igual que el otoño con sus hojas, apresuramos en desprender de nosotros con la esperanza de germinar algún que otro recuerdo. Recuerdos amarillentos, recuerdos rojizos, recuerdos pasados de un otoño semejante a éste, semejante a todos los otoños pasados y por venir. Mis primaveras siempre han ido a remolque de mis otoños.
Ante tanta reiteración de la vida, año tras año, mes a mes, día a día, repetición incesante de la misma tonadilla, me abstengo de pensarme ser complejo, ser completo, me alzo minimalista -reitero: minimalista-, y me rio absurdamente de todo intento humano de amasar fortunas o conocimientos; no me gusta el otoño y, por eso, le declaro la guerra a la primavera, con sus absurdas eclosiones de colorido adolescente, con sus mediocres altivos andares… je suis ici, je suis arrivé, avec toutes mes couleurs, avec toutes mes passions… con sus aniñadas cantinelas de jugar a la comba. Definitivamente, si hay alguna estación de mi agrado es aquella en la cual no es necesario apearse, observar y, cantar sus beneplácitos o escupirle sus carencias. Si hay alguna estación de mi agrado, el día que la encuentre me apeo, dejo pasar el tren de la vida y, sentándome mismamente en el suelo, cierro los ojos, respiro profundamente y exhalo un último aliento. Un último aliento concentrado de una vida, un vaporoso resumen de alguien ya pretérito, una caja de recuerdos convertida en recuerdo, en el interior de otras cajas apeadas en su estación anhelando recuerdos, exhalando momentos.
-35-
Hoy, no me reconozco. Me siento como si me quedaran únicamente, tan solo, un par de días para llegar al cenit de mi vida. Todos estos años de constante cuesta arriba, acostumbrado al acarreo del peso de mi propio cuerpo, a que al esfuerzo de un paso le siga otro, a poder ser, más sudoroso, y ahora, me encuentro arriba, en la cresta, cúspide, cumbre, apogeo o culminación de mi vida.
No me interesa el paisaje, no deseo pararme –aunque en cierta forma lo esté haciendo- y ponerme a contar las piedras con las que tropecé en mi camino, no me interesa observar el camino recorrido y vanagloriarme, ¡hasta aquí hemos llegado! No. Tan solo deseo seguir andando. No sé si me acostumbraré a ir de bajada, treinta y cinco dice que no me preocupe, que todo es ponerse. Que él me acompañará durante un año para, codo con codo, salvaguardarme de los tropiezos. Cuando vas de subida, si tropiezas, no pasas de ahí, a mucho pesar ruedas un par de metros hacia abajo, te levantas magullado y vuelves a enfilar el camino recorrido. Ahora, ya no. Ahora, creo que si caigo, empezaré a rodar, rodar y rodar. Cuesta abajo. Sin nada ni nadie frenándome. Para cuando consiga recuperarme de la caída, quizá habrán pasado rodando uno, dos, tres o cuatro años más. Decididamente, tropezar empieza a ser peligroso. Siempre me gustó tropezar; y tropezar contigo ha sido una delicia.
Me queda poco menos de dos días para llegar a la cumbre de mi vida. Treinta y cinco dice que todo lo que venga después me será regalado y que a caballo regalado no hay que mirarle el dentado. Le contesto que mucho dentado al caballo, treinta y cinco después, no le quedará, y que no me subo a él, que el trote pasa rápido y que yo debo empezar a caminar “despasito”; como quien no quiere la cosa, como observando distraído cada uno de los detalles del camino; saboreando. Saboreándote.
Quizá la madurez radique en el paladar.
¿empezamos de nuevo?
Me es imposible realizar un primer ‘post’ sin antes hacer parada en el camino. Me es imposible parar sin antes mirar atrás. Me es imposible mirar atrás sin realizar antes un primer ‘post’. ¿Que hace la cola en boca de Pez? Unos afirman estar muertos mientras otros, desde su recóndito silencio, afirman amar a Bo. O ba ramanam ri fa.
¡Juguemos pues!!