Archive for November, 2007
Una palabra vale por infinitas imágenes.
Nunca he entendido al género humano, ni creo que muera comprendiendo(lo). Llegó en un atardecer de cielo limpio en otoño, con el sol filtrando sus largos y rojizos brazos, deseoso de mecer las ruborizadas hojas de los árboles y dispersando al viento tiritantes palabras rebosantes de melancolía. Llegó y cagó. Dejando en la cuneta caer, frontera entre dos mundos tan próximos y lejanos a la vez, tan distintos y dispares en la forma de afrontar la vida, mientras el asfalto, representante de su mundo, engulle caminos de arena y desgarra la tierra fragmentando su pálida piel, su preciado y oscuro legado. Sin más, evacuó prestamente su necesidad, a modo de huir de la muerte como el que opina sin vacilar en su sandez sólo por oírse vivo, errando en la introspección dirigida del acto, marrando la dirección. Si hubiera meditado un segundo, parado un momento la incesante verborrea mental, dirigido la opacidad de su mirada y visto el amanecer erguirse detrás de él, si no hubiese dado la espalda al mundo odiado en su desconocimiento, hubiere extrañado la negra silueta incrustada en el recién levantado sol, hubiere reconocido el peligro enfilando hacía él y quebrado la guadaña del destino ya perpetrada en su movimiento. No fue así. Optó por desenfundar sus muslos en dirección hacia la carretera, cobijado por el ángulo formado entre la puerta abierta y el automóvil, recelando la curva anteriormente transitada en el momento en el que la negra figura dibujaba su forma en el llano postrado detrás de sus pies. Sintió un tremendo impacto y el dolor de ver sesgadas sus piernas a la altura de la rodilla, en el interior del coche, cerrada del golpe la puerta e inmovilizado de dolor, atisbó un asta ¿de toro? diana perfecta en el corazón. ¡Mierda! –jadeó, y expiró.
Una palabra vale por infinitas imágenes representa la voluntad del ser humano de ordenar todo cuanto le rodea, agrupando objetos y sensaciones según su criterio. Así pues, la palabra árbol agrupa infinitas imágenes de árboles. Tantas que nuestra mente es incapaz de abarcar y racionaliza con una única palabra: árbol, quitándole todo detalle y conceptualizando la existencia. Así pues en nuestra mente un árbol es un concepto con infinitas imágenes incapaces de sernos mostradas una a una. En un intento de mostrar los infinitos árboles existentes en nuestra mente empezaríamos utilizando adjetivos, jerarquizando pues la agrupación árbol en distintas clases. Árbol triste, árbol seco, árbol tupido, árbol caído, etc… Aún así, estaríamos toda una vida para poder llegar a detallar la infinidad de imágenes que la palabra árbol puede aportarnos. Una palabra vale por infinitas imágenes dada nuestra incapacidad retentiva del detalle.
Una imagen vale por mil palabras representa la voluntad del ser humano de cuestionar las propias limitaciones del lenguaje y por antonomasia de sí mismo. Si bien el propio lenguaje nos abre la capacidad de expandir en infinitas posibilidades el mundo que percibimos, una imagen detalla, capta e inmoviliza un determinado espacio de tiempo permitiéndonos a posteriori subjetivarla mediante el lenguaje.
Existen infinidad de imágenes que pueden mostrarnos el silencio pero nunca seremos capaces de vivir un silencio absoluto. Lo más cercano al silencio es dejar de oír el latido de nuestro propio corazón.
Muriel Barbery – La elegancia del erizo.
Vivir, morir: no son más que consecuencias de lo que se ha construido.
Pues el arte es la emoción sin deseo.
Creemos que podemos hacer miel sin compartir el destino de las abejas;
pero también nosotros no somos sino pobres abejas destinadas a llevar a cabo su tarea para después morir.
La orquídea es probablemente una forma virtuosa de la orgía.
La orgía es al parecer una forma viciosa de la orquídea.
Quizá estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren.
El Arte es la vida, pero con otro ritmo.
Incapacidades
Lo reconozco. Soy incapaz de plasmar una imagen real en un trozo de papel, y bastantes sudores me cuesta el esfuerzo que realizo en ‘desdibujar’ realidades en el ‘diario arrítmico’. No sé dibujar, nunca he sabido y tampoco pretendo convertirme en un Cezanne o en un Klee, pintores a los cuales por circunstancias de la vida les tengo un aprecio especial. Esta incapacidad por el arte pictórico y la tozudez en mantener una serie de dibujos inconexos entre ellos e irlos introduciendo en mi virtualidad consciente, hacen que me pueda permitir la desfachatez o libertad de captar pequeñas ideas de mi realidad inconsciente. A más a más, desde que un conocido me colgó el San Benito de ciclotímico, mi desfachatez se ha convertido en desvergüenza y gusta dedicarme a realizar actos incontrolados por mi capacidad. ¿Me pongo a prueba? No, ni mucho menos, me recreo en la pureza del vestigio infantil que todavía permanece en contacto con mi persona. En realidad únicamente aplico el dicho ‘para empezar a dibujar solo es necesario lápiz, papel y ganas de probar’; dicho aplicable a, por no decir todas…, casi todas las artes. Pero no, no considero ni un apéndice de mi como Arte, ni tan siquiera considero el Arte como una fluida sustancia recorriendo mis venas o como reactivo absoluto de la química del pensar, no obstante, reconozco un apego a él, olvidadizo, inconstante y tantas veces irrisorio.
Hace un par de días leía en un libro de Mauriel Barbery, ‘La elegancia del erizo’ -para ser conscientemente exactos-, una frase profusamente meditada y, ¿por qué no?, calculada en su propio raciocinio, cerrando capitulo con la misma suavidad que cerraríamos la puerta de una habitación en la noche y alejándonos descalzos a pies puntillas. El Arte es la emoción sin deseo. Silencio en la noche. Mairim lee, Ania duerme; con los brazos extendidos, plácidamente. De pequeño me educaron con una idea equivocada de un cielo angelical, un angelillo duerme en mi habitación. ¿Me engañaron o me encuentro en los cielos? Supongo un poco de cada cosa. El Arte es la emoción sin deseo; releo. Intrínsecamente la frase me agrada y sorprende o, puestos a jugar con el lenguaje, me sorprende gratamente, no obstante el hecho de haberme parado en ella, sin pensar, ahondando en lo más interno de mi escaso conocimiento y delatando obcecadamente una infravaloración constante, creyéndome incapaz de asimilar, de entender o comprender, significa una absoluta certeza en la afirmación o una disconformidad oculta a la cual debo estas líneas. Aunque el hipotálamo, con su función reguladora, algo tiene que decir al respecto.
… la emoción sin deseo. Desechando el Arte, toda su vehemencia, majestuosidad y grandeza, emoción sin deseo ocupa mi mente. Emoción sin deseo; me lleno. Denoto, al releer constantemente, una apetencia continua hacia la lectura constante de la misma frase final, una súbita alteración de mi ánimo carente de cierta conmoción somática; emoción sin deseo. Eso es, si el deseo representa un movimiento afectivo hacia algo que se apetece y la emoción representa una alteración intensa y pasajera acompañada de cierta conmoción somática; (entonces) un movimiento afectivo carente de conmoción, lo que se dice en lenguaje coloquial ’ser atento’ representa el súmmum proyectado por el intelecto humano. Realmente no sé si he entendido la frasecilla –ahora se me antoja más punzante- o si la autora no se ha sabido explicar o si ha sido mal traducida… No lo sé. La primera idea concebida había sido nuestra particular expresión de la emoción; únicamente nos emocionamos cuando deseamos, cosa no del todo cierto pues nos emocionamos en un entierro sin apetencia alguna. ¿Arte oculto? Se me antoja frase trampa de las que quedan bien soltarlas, en una exposición rodeado de cuatro amigos de unos amigos de tus amigos, mientras piensas -¡He aquí mi granito de arena, mi insignificante aportación, mi piedra angular del día, a vuestra antojado y descomunal derroche de energía! ¡Pensad, pensad, intelectuales! ¡Dadle vueltas al tambor y apretad el gatillo! Certeramente, antes de atinar en el significado, os hallareis todos muertos.
El Arte es la incapacidad del ser humano de reconocer sus limitaciones. El Arte es belleza sin esmero. El Arte es virtud indispuesta. El Arte es manifestación desinteresada. Arte, ¡trae y reta!
Retornando al principio, y finalizando, soy incapaz de observar el mundo con los ojos que me fueron dados. Soy incapaz de todo y nada a la vez; retoño de pensamientos absurdos. Al fin y al cabo; tristemente feliz. Muy feliz. Vivir es el Arte.






